Efemérides: 27 de junio

27 de junio de 1807: Segunda invasión inglesa al Río de La Plata

De la importancia que tuvieron las invasiones de 1806 y 1807 y de la exitosa defensa patriota de Buenos Aires, hablarán los historiadores...  En esta entrada del blog queremos rescatar una pequeña porción de esa historia, que nos involucra: El desembarco en Ensenada y el paso de las tropas invasoras por el actual City Bell

Transcribo algunos párrafos del libro "Ensenada, una lección de historia", de Carlos Asnaghi (que me fuera generosamente obsequiado por Roberto) que describen muy bien estos acontecimientos

Desembarco en la Ensenada

Durante la ocupación inglesa a la Banda Oriental (Maldonado primero, luego Montevideo y finalmente Colonia del Sacramento), Buenos Aires, pudo prepararse intensamente; y sus hombres ya anhelaban que el enemigo pusiera pie en tierra, porque era preferible el fragor de la lucha que la incertidumbre de la vigilia armada.

Por fin, el 27 de junio, apostada frente a Barragán la poderosa flota - jamás vista antes en estas latitudes - la primera división inglesa, al mando del capitán Thompson, a bordo de su goleta "Fly", y a la que escoltaban la sumaca "Dolores" y cuatro cañoneras, se acercó a la caleta. Y con las primeras luces del alba del día 28 de junio de 1807, le fue ordenado a Thompson que iniciara el desembarco, mientras el bergantín "Rolla" se colocaba en la extremidad de la ensenada, para servir de guía a las restantes naves.
 
A las nueve de la mañana comenzaron a llegar a tierra las primeras tropas, "... con el agua al pecho, pues los botes no podían acercarse más a la orilla..." como dice, tal vez con exagerado dramatismo, el informe del contraalmirante inglés Murray.
 
El sitio elegido para el desembarco fue, en un principio, la vecindad del arroyo Zanjón (llamado entonces "Piloto"), "...a una milla al oeste del Fuerte de la Ensenada", agrega Murray. Pero, buscando un sitio más accesible y alentados por la falta de resistencia de la dotación del Fuerte (...) ingresaron en la caleta y completaron el desembarco, con mayor comodidad, en el actual arroyo Doña Flora, como nos lo dice un expediente judicial promovido en 1808 por el saladerista Jacinto Martínez, radicado a la vera del mismo.
 
El desembarco se efectuó con los botes de las naves mayores, cada una de las cuales traía a remolque tres de estas embarcaciones. Los hombres que bajaron a tierra, durante la operación, fueron más de nueve mil, si bien a media tarde sólo había descendido un tercio de la dotación total.
 
Así lo consignó el vecino Pedro Duval, en una carta dirigida al Cabildo de Buenos Aires, mediante la cual daba noticia a ese cuerpo de que se había producido "... el desembarco en la Ensenada de 3.500 hombres de infantería y poca caballería, y que a las tres de la tarde, hora en que escribía, se dirigían en tres columnas rumbo a las lomas".
 
Esta misiva, durante la mañana siguiente fue leída en la Sala Capitular por el alcalde de primer voto Martín de Alzaga, ante el Cabildo reunido en pleno. Su portador había sido un anónimo vecino ensenadense, cuyo nombre no quedó registrado en la historia, el cual llevó el mensaje a caballo, y por la costa, para no ser interceptado por los invasores.
(...)

Mientras tanto, ese día 29 de junio de 1807, a la hora del crepúsculo, recién concluía el desembarco en Barragán cuando ya se había puesto en tierra "... todo lo que podía transportarse a Buenos Aires, quedando lo demás en la escuadra naval".
 
Duval en una nueva carta, pudo ampliar su información inicial, ya que, en resumen, Ensenada había visto descender en sus riberas poco más de nueve mil hombres de tierra, incluidos doscientos veinte marineros; 16 piezas de artillería, de las cuales el legamoso bañado se encargó de "atrapar" a 5, que quedaron inutilizadas; víveres, pertrechos y 206 caballos y mulas. Los efectivos de avanzada, al mando de Levison Gower, se dirigieron de inmediato hacia las lomas; luego lo hicieron las tropas que habían "vivaqueado" en la Ensenada la noche del día 28 y por último los que habían pernoctado a bordo de los buques. 
(...)

Ya en las lomas, fue criterio de Whitelocke hacer avanzar a su ejército por fracciones, para que cada una de ellas descansara en una estancia distinta.

Si atendemos al hecho de que el grueso de los invasores llegó a Quilmes en la tarde del 1º de julio, podemos establecer que las actuales Tolosa, Gonnet y City Bell, principalmente esta última, como lo demuestran las declaraciones del general Gower, fueron sitios utilizados para el circunstancial "vivaqueo" de las tropas, ya que allí existían antiguas estancias.
 

 
Debido a la derrota sufrida por Whitelocke en Buenos Aires, y ya de regreso en Londres, el 28 de enero de 1808 se le abrió un proceso ante un tribunal integrado por veinte miembros de la más alta graduación.  La condena no se debió a las 316 bajas, 674 heridos y 208 desaparecidos de las filas inglesas, sino, según palabras del fiscal Ryder, a que: "Con este desgraciado suceso se ha desvanecido... las esperanzas que... se abrigaban de abrir nuevos mercados para nuestras manufacturas,(...), de descubrir nuevas fuentes de tesoros y nuevos campos que explorar"
 
General Whitelocke
 
Durante el prolongado interrogatorio a que fue sometido, Gower se refirió a diferentes aspectos del operativo Segunda Invasión:
 
Desembarco: "Desembarqué en la Ensenada el día 28 de junio, habiendo recibido orden de Whitelocke de avanzar de inmediato para tomar posesión de las lomas, aguardando allí que el resto de las tropas se me incorporara al día siguiente. De esta manera, a mediodía del 29 Whitelocke tomó el mismo campo que yo había ocupado... (actual Tolosa) y me ordenó avanzase dos o tres millas hacia Buenos Aires...(Gonnet-Bell) y el 30 volví a recibir orden para ocupar otra posición algo más avanzada... (City Bell) tomando posición más allá de la Reducción ...(Quilmes) el día 12 por la tarde... "

Artillería: "Dos piezas de artillería de "a 6" y dos de "a 3" debían reunírseme en la Reducción..." (Quilmes) "Pero tenían su dotación de caballos en estado miserable y los de este país son tan "chúcaros" que no habrían servido para tirar, por lo que confiaba más en los hombres que arrastraban estas piezas, que en los animales. Por otra parte, las tropas de Whitelocke no traían artillería, ya que ésta se había quedado en el bañado, y dos batallones habían recibido orden de bajar para sacar los cañones..."

Camino y bañado: "Desde la Ensenada hasta las lomas nunca pude encontrar más que un camino, aunque hice la prueba en toda dirección por entre el bañado. Este era un pantano, con una superficie cubierta de agua, que variaba su profundidad desde dos pies para arriba. No podré decir cuán profundo era en algunos parajes, porque no he tenido tiempo de sondeado. Pero al tratar de buscar mejor paso... me metí en muchos lugares de que con no poca dificultad salía el caballo que yo montaba. No podré decir cuál era el estado del camino el día 29. Tan blando estaba el piso cuando yo lo pasé, que la retaguardia de mi pequeña columna tuvo mucha más dificultad que la vanguardia al subir las lomas. En dos puntos, si no eran tres, había lugares tan profundos que mi caballo se cayó tres veces, sin poderse levantar..."

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El avance hacia Buenos Aires

Refiere Martín Rodríguez en su "Autobiografía", que los ingleses emprendieron la marcha venciendo con grandes fatigas y trabajos, el obstáculo del gran bañado que tenían que atravesar, el cual con las lluvias era casi insalvable; pero perdiendo algunas piezas de artillería que no pudieron salvar por haberse empantanado hasta las masas. "La marcha la iniciaron por la mañana muy temprano - agrega - y no salieron a las lomas hasta la tarde, a pesar de la distancia que temían que andar, que era de menos de una legua. Esa noche acamparon allí y tuvimos nuestro tiroteo".

El ejército fue fraccionado en tres grupos, con orden de avanzar en columnas escalonadas: la vanguardia al mando de Gower, el centro al de Whitelocke y la retaguardia al de Mahon, separados entre sí por una jornada de distancia. Los únicos informantes sobre la ruta a seguir y el estado de cosas reinante en la Ciudad, fueron: el norteamericano White, llegado con la expedición desde Montevideo, y el vecino Pedro Duval, obligado a hacerlo al ser tomado por los invasores.

Sólo una excesiva confianza justifica el hecho de que Whitelocke se lanzara a la aventura en tales condiciones. El tiempo era lluvioso. Recién a las doce del día veintinueve se continuó   la marcha para llegar a la Estancia de la familia de Martín Rodríguez (actual City Bell). Refiere éste lo ocurrido diciendo: .

"Acampados allí, echaron a tierra tres hermosos corrales de ñandubay. Entraron a las casas, rompieron las puertas e hicieron pedazos cuantos muebles había. Echaron abajo la puerta de la capilla; tiraron los santos, los arrojaron al patio; rompieron todos los cuadros e hicieron pedazos el altar. Sacaron los ornamentos y andaban burlescamente con ellos puestos. Esa noche les matamos tres hombres, que, al día siguiente antes de emprender su marcha, los entraron adentro de la casa y los pusieron bajo de los corredores. Ese día rompieron la marcha de las doce a la una. Llegaron. a la otra estancia nuestra, que está como a dos leguas de la primera, viniendo para la ciudad".

El treinta, la columna del centro llegaba a la estancia de Rodríguez y la retaguardia el 1º de julio. Por su parte la vanguardia había llegado el treinta a la estancia "El apoderado", desde donde el total de las fuerzas se dirigió a la Reducción de Quilmes, en una marcha difícil y trabajosa a causa de los arroyos que debieron cruzar y lo barroso del terreno.

Rendición del general Whitelocke ante Santiago de Liniers


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Bibliografía:
Ensenada, una lección de historia -  Carlos Asnaghi - Ed. Par Impresores - Ensenada, 2004
Historia de la Argentina - Vicente D. Sierra - Unión de Editores Latinos - Bs As, 1956



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